En un reciente articulo de elpais.com, se hacía un interesante análisis sobre las condiciones e intereses de la estabilidad del empleo público, y que ha encontrado múltiple eco en la blogosfera. En una reciente entrada de este mismo blog, comentábamos también algunos aspectos relacionados con temas laborales en el ámbito público. Me consta que se está hablando mucho de ello, lo que demuestra que el debate está en la calle, y va a más.
Como dije entonces, la “caza” del funcionario ha comenzado, una frase que espero no sea entendida en sentido peyorativo, si no mas bien como una consecuencia lógica y seguramente irreversible de un proceso que es consecuencia de cambios sociales y económicos, y que supone un reto pendiente para todos los agentes que participan directa o indirectamente en ‘lo público’.
La ecuación formada por administración pública = eficacia + transparencia + participación, empieza a tener incógnitas difíciles de despejar. En tiempos estudiábamos como, para resolver una ecuación, lo que suma a un lado, pasa al otro restando. Y para despejar las incógnitas vamos a tener que restar de algún sitio. Si no, no salen las cuentas.
Recientemente leía en una comunicación sindical como se atribuían el éxito de arrancar un compromiso por parte de la presidencia de una importante entidad pública (la mía), por el que se garantizaba el empleo a toda la plantilla durante la presente legislatura. Extraje un par de conclusiones de esta noticia, aparentemente positiva, que no invitaban precisamente al optimismo. Por un lado, se trata de un compromiso con fecha de caducidad, mas o menos un año, que es lo que queda de legislatura en lo local. Y por otro, menos halagüeño aún, es que el debate está abierto, sobre la mesa, evidenciando que debe haber alguien por ahí echando cuentas. Y es que alguien, antes o después, tendrá que resolver la ecuación.
Haciendo un breve análisis sobre aspectos relacionados con el empleo público podemos encontrar, entre otros adjetivos, el de perdurable. Perdurabilidad: Condición de lo que dura mucho. Se trata de una condición aparentemente inalterable, es decir, no seria perdurable si hubiera condiciones por las que pudiera dejar de serlo. Y es que en la práctica es así, o al menos, así esta entendido. Lo que menos me gusta es que este adjetivo es uno de los pocos cuantificables a la hora de resolver las incógnitas de nuestra ecuación. No he encontrado ninguno que nos ayude a medir el contenido de lo que hacen los funcionarios públicos. A medir lo que producen.
Si planteamos la posibilidad de medir la productividad, estamos abriendo la posibilidad de mejorar las condiciones salariales de aquellos que mas produzcan. Y si, también, la de empeorar la de aquellos que menos produzcan. Si hasta se les podría apartar de la carrera pública a aquellos que produzcan por debajo de ciertos límites y no encuentren una buena explicación. No creo que haya que echarse la manos a la cabeza si esto ocurre. En definitiva, les ha ocurrido a mas de 80.000 personas en este último mes, personas que hasta ese momento estaban contribuyendo con parte de sus ingresos al sueldo de los que se dedican a lo público. Y la única diferencia es que les ha pillado trabajando en la empresa privada.
Espero que no pase mucho mas tiempo antes de que se plantee de manera seria y rigurosa el medir la productividad de los empleados públicos, algo en los que las Tecnologías de la Información tienen mucho que aportar. Cuando hablamos de eficacia, transparencia y participación, estamos hablando de que la ciudadanía debe conocer los mecanismos y resultados de dichas mediciones.
Y no solo medir por medir. Se deben tomar cuanto antes las decisiones que de ellas se derive. Si no, las consecuencias pueden ser peores, y podemos llegar a que se tomen estas decisiones sin que se tengan en cuenta las medidas de productividad. ¿O es que alguien duda de que se vayan a tomar estas decisiones?.
